Margaret Mead

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Margaret Mead

Baluarte de la antropología, Margaret Mead se convirtió primero en best seller y luego en líder de opinión. Vista por el público norteamericano como una personalidad romántica y exótica, sus viajes al Pacífico del Sur aún son una leyenda, así como su travesía intelectual y sus controvertidas posturas respecto de la sexualidad y la marihuana. En 1968 la eligieron “Madre del Año”.

Nacida en Filadelfia, Margaret Mead se casó tres veces y se divorció otras tres, pero siempre conservó el apellido de su padre, un economista cuáquero que enseñó en la Universidad de Pensilvania. Incluso su tercer marido, Gregory Bateson, figura destacada de las ciencias sociales en el siglo pasado, debió resignarse a ser conocido como “el marido de Margaret Mead”.
Por esa y otras razones, no extrañaría ver a esta celebridad de la antropología encasillada en alguna rama del feminismo. Pero aunque de allá la reclaman, a ella no le gustaba esa palabra: se consideraba a sí misma “femenina”, sin más. No en el sentido coloquial de la palabra, sino en el que envuelve todas y cada una de las facetas de ser mujer. Y de ser humana.
El prodigioso currículo de Margaret Mead la muestra vinculada a la etnografía, la educación, la psicología adolescente, el medioambiente, y una larga fila de etcéteras. Sobre todo después de que se convirtiera en figura del debate y la controversia pública en EE.UU.; interrogada acerca de todo y siempre con una opinión o una pieza de análisis para ofrecer. Publicó 39 libros, 15 de ellos en colaboración, y su bibliografía total suma más de 100 páginas.
Sus biógrafos, que no son pocos, atribuyen su fecundidad editorial y su variedad de intereses a una meta que sólo puede entenderse asomándose al conjunto de su pensamiento y de su acción: llegar a conocer a la especie humana, entender su desarrollo y apuntar a una mayor racionalidad en las estructuras sociales. Pero este esquema biensonante no le impidió ganarse varios detractores. En algunos casos fueron colegas suyos quienes objetaron problemas de procedimiento y/o conclusiones erradas. En otros, fueron ciudadanos de a pie o autoridades políticas quienes le reprocharon permisividad o fomento del libertinaje.


Fuentes:

mujer.latercera.cl/2004/02/08/mead.htm