Transversalidad

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Transversalidad

El concepto de transversalidad, tiene un origen en la geometría, como lo que atraviesa, en sentido contrario a lo longitudinal (que sería lo que recorre a lo largo); pero se aplica metafóricamente a cualquier otro ámbito. La transversalidad usualmente se entiende como la concurrencia de distintas disciplinas en el estudio o el tratamiento de un mismo objeto o fenómeno.
En educación, transversal es el conocimiento que se obtiene no en una única asignatura, sino de muchas. Por ejemplo, el medio ambiente debe ser tratado tanto en Historia como en Geografía, Biología, Geología, Física, Química, Lengua y Literatura... e incluso debería ser objeto de preocupación en Matemáticas si se ponen ejemplos de ejercicios que sitúan al alumno ante un problema medioambiental, o en Educación Física si se realiza en un entorno natural. Otras transversales serían la educación vial, el respeto a la diversidad, y en general lo que se ha venido en llamar la educación en valores, que también puede ser objeto de asignaturas separadas.

El conocimiento: paradigma arborescente versus paradigma rizomático

En el conocimiento contemporáneo sufrimos una excesiva compartimentación. La organización de las disciplinas las coloca como realidades sin interconexión alguna, dificultando la comprensión del conocimiento como un todo integrado, la construcción de una cosmovisión abarcadora que permita una percepción totalizante de la realidad.
La palabra disciplina presenta, justamente, un doble sentido: tanto induce a la delimitación de un campo específico como a la jerarquización y al ejercicio del poder.
La noción de interdisciplinaridad surgió para proporcionar el tránsito entre los varios compartimentos del saber contemporáneo, posibilitando un conocimiento y una comprensión más abarcadora del saber históricamente producido por la humanidad.
La metáfora tradicional de la estructura del conocimiento es arbórea: el conocimiento es tomado como un gran árbol, con un tronco sólido que se ramifica en ramas y más ramas, extendiéndose así por los más diversos aspectos de la realidad. Aunque sea una metáfora botánica, el paradigma arborescente representa una concepción mecánica del conocimiento y de la realidad, reproduciendo la fragmentación cartesiana del saber, resultado de las concepciones científicas modernas.
Pero pensadores modernos como Deleuze y Guattari, afirman que el pensamiento y el cerebro están mucho más próximos a sistemas caóticos e inciertos que a la ordenación jerárquica arborescente.
En 1980, Giles Deleuze y Félix Guattari presentaron la noción de paradigma rizomático que nos remite a la multiplicidad. La metáfora del rizoma es aquel tipo de tallo de algunos vegetales, formado por una miríada de pequeñas raíces en medio de pequeños bulbos. Pone así en cuestión la relación intrínseca entre las varias áreas del saber, representadas cada una de ellas por las numerosas líneas fibrosas de un rizoma, que se entrelazan y se agarran formando un conjunto complejo en el cual los elementos remiten necesariamente unos a otros así como afuera del propio conjunto.
El paradigma rizomático es regido por seis principios básicos:
A. Principio de conexión: cualquier punto de un rizoma puede ser/estar conectado a cualquier otro; en el paradigma arbóreo, las relaciones entre puntos necesitan ser siempre mediatizadas obedeciendo a una determinada jerarquía y siguiendo un "orden intrínseco".
B. Principio de heterogeneidad: dado que cualquier conexión es posible, el rizoma se rige por la heterogeneidad, en tanto que en el árbol la jerarquía de las relaciones lleva a una homogeneización de las mismas.
C. Principio de multiplicidad: el rizoma es siempre multiplicidad que no puede ser reducida a la unidad; un árbol es una multiplicidad de elementos que puede ser "reducida" a ser el completo y único árbol.
D. Principio de ruptura: el rizoma está siempre sujeto a las líneas de fuga que apuntan a nuevas e insospechadas direcciones. Aunque se constituya en un mapa, como veremos seguidamente, el rizoma es siempre un devenir, una cartografía trazándose siempre nuevamente, a cada instante.
E. Principio de cartografía: el rizoma puede ser mapeado, cartografiado, y tal cartografía nos muestra que posee entradas múltiples, es decir: el rizoma puede ser abordado desde infinitos puntos.
F. Principio de calcomanía: los mapas pueden, no obstante, ser copiados, reproducidos, posibilitando el surgimiento de nuevos territorios, nuevas multiplicidades.
De esta manera, la adopción de un nuevo paradigma del saber significa, al mismo tiempo, un nuevo abordaje del conocimiento.
El paradigma rizomático rompe, así, con la jerarquización que es propia del paradigma arbóreo. En el rizoma son múltiples las líneas de fuga y por tanto múltiples las posibilidades de conexiones, aproximaciones, cortes, percepciones, etc. Al romper con esa jerarquía, el rizoma exige una nueva forma de tránsito: la transversalidad.
La transversalidad supone un tránsito entre los saberes y se presenta en oposición a una verticalidad que encontramos, por ejemplo, en las descripciones hechas por el organigrama de una estructura piramidal (jefes, subjefes, etc).
Apunta a las integraciones horizontales y verticales entre las varias ciencias, entre las varias áreas del saber, integrándolas, si bien no en su totalidad, por lo menos de una forma mucho más abarcadora posibilitando conexiones inimaginables.