El fin de la pobreza, pronto

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Artículo de Jeffrey Sachs publicado en The New York Times el 24/09/2013

Hace 50 años, apelando a la paz, el presidente John F. Kennedy le dijo al Parlamento irlandés: "los problemas del mundo no pueden ser resueltos por escépticos o cínicos cuyos horizontes están limitados por las realidades evidentes. Necesitamos hombres que puedan soñar cosas que nunca fueron y preguntarse: ¿por qué no?"

Hoy en día, más y más personas están soñando con un mundo libre de pobreza.

En abril, el Comité de Desarrollo del Banco Mundial estableció el objetivo de acabar con la pobreza extrema para el año 2030. Más recientemente, el grupo de las Naciones Unidas de la Asamblea General de Trabajo sobre los objetivos globales concluyó que "la erradicación de la pobreza en una generación es una meta ambiciosa , pero factible." Como quien escribió en 2005 que la nuestra es la generación que puede acabar con la pobreza extrema, me complace ver esta idea afianzarse en los más altos niveles.

¿Son éstos sueños errantes mientras el mundo se arrastra hacia una mayor confusión, conflicto y el cambio climático, o hay algo substancial en la reciente ola de alto nivel de interés en la idea? La evidencia está del lado de los optimistas. Y la evidencia también apoya tanto los que favorecen más mercados y los que favorecen más estrategias público-privadas. Es todo una cuestión de contexto.

El panorama mundial va a sorprender a los pesimistas. Según la calificación del Banco Mundial, la proporción de hogares en los países en desarrollo por debajo de la línea de extrema pobreza (ahora mide como 1,25 dólares por persona por día a precios internacionales ) se ha reducido drásticamente, pasando de 52% en 1980, a 43% en 1990, 34% en 1999 y 21% en 2010. Aún en el África subsahariana, la región con la pobreza más recalcitrante, finalmente experimenta un descenso notable, del 58%o en 1999 al 49% en 2010.

Los logros son más marcados en materia de salud. Según el último estudio de Unicef de este mes, la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años en África disminuyó de 177 muertes por cada 1.000 nacimientos en 1990 a 155 por cada 1.000 nacimientos en 2000 a 98 por 1.000 en 2012 . Esto sigue siendo demasiado alto, pero el ritmo de avance es rápido y se está acelerando.

Si bien los recientes resultados positivos son indudables, la cuestión es cómo asegurar que el progreso en materia de ingresos, la salud y otros aspectos de la erradicación de la pobreza (incluyendo el acceso a la educación, el agua potable, la electricidad, y cloacas) continúe hasta que la pobreza extrema sea derrotada. El debates sobre esta cuestión es furioso y a menudo arroja más calor que luz.

He aquí los fundamentos: el crecimiento económico, y por lo tanto una economía de mercado, es vital. La pobreza en África está disminuyendo, en parte debido a que su tasa de crecimiento aumentó desde el 2,3 por ciento anual durante los años mediocres de 1990-2000 al 5,7 por ciento durante 2000-10. Sin crecimiento económico no puede haber ganancias sostenidas en materia de ingresos, salud y otros. El progreso continuo depende de fuertes inversiones en infraestructura mayor -agua, electricidad, manejo de desechos- y éstos, a su vez, dependen de que haya financiación privada a gran escala, por lo tanto, de un adecuado marco en el mercado.

Entonces, el sentimiento anti-mercado no es buen amigo de la reducción de la pobreza. Pero tampoco lo un fundamentalismo de libre mercado. El crecimiento económico y la reducción de la pobreza no pueden alcanzarse por medio del libre mercado por sí solo. El control de enfermedades, la educación pública, la promoción de nueva ciencia y tecnología, y la protección del medio ambiente son las funciones públicas que deben alinearse con las fuerzas privadas del mercado.

Consideremos dos claves de la reciente reducción de la pobreza en África. La primera es la introducción de los teléfonos móviles, que han revolucionado la comunicación y mucho más, tanto en las aldeas remotas de África como en las calles de Manhattan. Los smartphones están a punto de transformar la educación, la salud, las finanzas y las cadenas de valor agrícolas. El control de la malaria, poible a través de las nuevas tecnologías, junto a los mosquiteros de larga duración, las pruebas de diagnóstico rápido y una nueva generación de medicamentos, también ha jugado un papel vital en la reducción de la pobreza en África.

En ambos casos, el sector privado ha sido fundamental no sólo en el desarrollo de tecnologías de vanguardia, sino también en facilitar que se propaguen en corto tiempo. En los últimos años, cientos de millones de teléfonos móviles y cientos de millones de mosquiteros han contribuido cortar la pobreza rural.

Sin embargo, el sector público es también fundamental. Son los fondos públicos los que financian los cruciales avances científicos y tecnológicos. El Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria , un organismo respaldado por fondos públicos internacionales, fue la que financió la distribución en masa de mosquiteros. El resultado es que la malaria se redujo por lo menos un 30 %. Las aplicaciones de Smartphone para los trabajadores comunitarios de salud están siendo igualmente incrementadas a escala con un mayor apoyo público, así como privado.

Se puede decir que la lucha para acabar con la pobreza está ayudando a forjar un nuevo tipo de capitalismo mixto. Los antiguos debates público versus privado están siendo reemplazados por nuevas estrategias que los involucren a ambos. La necesidad por ambos se volverá cada vez más urgente a medida que el cambio climático y la escasez de agua se intensifiquen. Además, la idea de metas globales audaces como incitadoras de acciones globales audaces está demostrando que los cínicos se equivocan. Un compromiso mundial para acabar con la pobreza extrema estimulará la creatividad y estimulará la acción.

Como Kennedy también declaró medio siglo atrás, "si definimos nuestras metas más claramente -haciéndolas más manejables y menos remotas- podemos ayudar a las personas a verlas, a tener mayor esperanza a través de ellas, y a moverse irresistiblemente hacia ellas. "