Gobernabilidad

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Gobernabilidad

El término gobernabilidad se refiere al grado de implementación de un sistema de gobernanza que regula las relaciones de poder entre los diferentes grupos y sectores dentro de una sociedad.

Aunque dichas relaciones varían según el país y la época, todos los países se enfrentan al siguiente desafío: cómo las instituciones pueden asegurar el bienestar de sus ciudadanos de manera más eficaz, y cómo los ciudadanos pueden contribuir a construir y a mantener instituciones que sean transparentes, eficientes y equitativas.

Siguiendo a este argumento, para un país gobernabilidad implica:
a) Crear instituciones ciudadanas.
b) Desarrollar opinión pública y actores sociales deliberantes.
c) Organizar grupos que ejerciten el control social de las políticas de las instituciones gubernamentales y organismos multilaterales.
d) Promover la interlocución pro activa entre las redes de información y producción de conocimientos de los ciudadanos(as) organizados(as).
e) Generar esferas públicas de negociación de las agendas de gobierno.
f) Conseguir la construcción de políticas públicas que expresen la deliberación de la sociedad civil y los gobiernos, a la vez que la objetivación de los mecanismos para resolver conflictos.

Sin embargo, lo que sucede en la realidad, está aún distante a este modelo: por ejemplo, generalmente no existen en Latinoamérica políticas públicas legitimadas por la negociación ciudadana, ni reconocimiento de las agendas de las organizaciones de la sociedad civil. Las instituciones que validan las mediaciones, cuando existen, son precarias, y la participación ciudadana generalmente es frágil por la asimetría de las informaciones y del poder que ostentan las partes.

Teniendo en cuenta este contexto, una estrategia de fortalecimiento de la ciudadanía debería defender la primacía de la soberanía popular como sostén de toda la democracia institucionalizada, haciendo uso de los mecanismos de protección y expresión de derechos que ésta contempla, incluso respecto de las minorías. Así lo vienen haciendo, por lo demás, muchos movimientos ciudadanos del continente.

Seguidamente es preciso valorar el aprendizaje permanente de jóvenes y adultos y la educación ciudadana, como componentes claves para crear capacidades y poder ciudadano, a partir de acciones colectivas que formen sujetos habilitados para tener un pensamiento crítico, para tomar decisiones, actuar responsablemente en todos los niveles y para deliberar y mantener controversias con los decisores de las políticas oficiales y con los grupos de presión y de poder (empresas, iglesia, sindicatos, etcétera).

A la vez, resulta clave crear redes de información, de intercambio y de solidaridad e inspiración ética, que actúen como sistematizadoras de los conocimientos para la sustentabilidad y eficiencia de las acciones emprendidas.