La Gran Transición

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La gran transición: La promesa y la atracción del futuro

La Gran Transición es una propuesta para el desarrollo sostenible del planeta del Grupo de Escenarios Mundiales, GSG, integrado por investigadores de diversos países del mundo. El grupo fue convocado por el Stockholm Environment Institute en 1995 para examinar los requisitos necesarios para lograr una transición hacia la plena sostenibilidad. En su trayectoria, el GSG ha aportado importantes evaluaciones de escenarios para organizaciones internacionales.
Como tercera parte de una trilogía, el ensayo La Gran Transición se basa en el previo Branch Points (Gallopín y otros, 1997), que presentó el marco de los escenarios del GSG, y Bending the Curve (Raskin y otros, 1998), que analizó los riesgos y las perspectivas a largo plazo para la sostenibilidad dentro de futuros de desarrollo convencional.
En la obra se postula que la transición global ya ha comenzado: una sociedad planetaria se irá configurando durante las próximas décadas. Pero su desenlace es incierto. Las tendencias actuales determinan la dirección al comenzar el viaje, pero no su destino. Según cómo se resuelvan los conflictos sociales y del medio ambiente, el desarrollo global puede bifurcarse en caminos dramáticamente diferentes. Por el lado oscuro, es muy fácil imaginar un futuro funesto de pueblos, culturas y naturaleza empobrecidos. No cabe duda que para muchos esta terrible posibilidad parece la más probable. Pero no es inevitable. La humanidad tiene la capacidad para anticipar, elegir y actuar. Aunque parezca poco probable, es posible una transición hacia un futuro de vidas más ricas, de solidaridad entre las personas y con un planeta sano.
Esta es la historia contada en La Gran Transición, que representa un trabajo de análisis, imaginación y compromiso. Como análisis, describe las raíces históricas, la dinámica actual y los peligros futuros del desarrollo mundial. En cuanto a imaginación, describe escenarios globales alternativos de largo alcance, y considera sus implicaciones. Como compromiso, intenta proponer uno de estos escenarios, la Gran Transición, identificando estrategias, agentes de cambio y valores para una nueva agenda global.
En su prólogo, los autores dicen: ”Han pasado dos décadas desde que la noción de desarrollo sostenible fue incorporada al léxico de la jerga internacional, inspirando innumerables reuniones internacionales e incluso algún grado de acción. Pero estamos convencidos de que la primera ola de la actividad en pro de la sostenibilidad, que comienza con la Cumbre de la Tierra en 1992, es insuficiente para alterar las alarmantes tendencias globales. Una nueva ola debe comenzar a trascender los paliativos y las reformas que, hasta ahora, pueden haber encubierto los síntomas de la falta de sostenibilidad, pero que no pueden curar la enfermedad. Un nuevo paradigma de sostenibilidad debería desafiar tanto la viabilidad como la deseabilidad de los valores convencionales, las estructuras económicas y los ordenamientos sociales. Debería ofrecer una visión positiva de una forma civilizada de globalización para la toda familia humana.”

De la sostenibilidad a la deseabilidad

Los autores advierten que este cambio ocurrirá sólo si sectores claves de la sociedad mundial logran comprender el carácter y la gravedad del desafío y aprovechan la oportunidad para revisar sus agendas. “Cuatro agentes globales principales de cambio, actuando sinérgicamente, podrían impulsar un nuevo paradigma de sostenibilidad. Tres de ellos son actores globales: las organizaciones intergubernamentales, las corporaciones transnacionales y la sociedad civil actuando a través de organizaciones no gubernamentales y de las comunidades espirituales. El cuarto es menos tangible, pero es el elemento subyacente crítico: la conciencia del público en general sobre la necesidad del cambio, y la difusión de valores que den primacía a la calidad de vida, la solidaridad humana y la sostenibilidad del medio ambiente.
El cambio global se acelera y las contradicciones se profundizan. Se necesitan con urgencia nuevas formas de pensar, actuar y ser. Pero tan cierto como que la necesidad es el estímulo que empuja hacia una Gran Transición, la oportunidad histórica de dar forma a un mundo justo de paz, libertad y sostenibilidad es el imán que atrae. Esta es la promesa y la atracción del siglo veintiuno.”
En el apartado dedicado a explicar la deseabilidad, aseguran que “domar la poderosa maquinaria de la globalización convencional a través de reformas para la sostenibilidad enfrenta desafíos técnicos y políticos significativos. A las preocupaciones pragmáticas sobre factibilidad de la vía reformista cabe añadir ¿es deseable? Ella tiene en mente un emporio global más atestado y técnicamente manejado, aunque sea uno en que el medio ambiente todavía funciona y menos personas sufren de hambre. Pero ¿será ése un lugar de felicidad, posibilidades de elección y exploración individual y social? Podría ser un mundo sostenible pero indeseable.
Reforma Política es el ámbito de la necesidad: busca minimizar las alteraciones sociales y del medio ambiente, mientras que la calidad de vida sigue sin ser sometida a examen. El nuevo paradigma de la sostenibilidad trasciende la reforma, para volver a hacerse la pregunta que Sócrates formuló hace mucho tiempo: ¿cómo viviremos? Esta es la vía de Grandes Transiciones, el ámbito de la deseabilidad.”
Planteado en estos términos, los autores advierten que el nuevo paradigma deberá revisar el concepto de progreso. “Gran parte de la historia humana ha estado dominada por la lucha por la supervivencia en condiciones difíciles y de escasez. Sólo en el largo viaje desde la fabricación de herramientas primitivas hasta la tecnología moderna las necesidades humanas dieron paso gradualmente a la abundancia. El progreso implica resolver el problema económico de la escasez. (…) La pre-condición para un nuevo paradigma es la posibilidad de un mundo post-escasez donde todos puedan gozar de un nivel de vida digno. Sobre esos cimientos, puede mitigarse la búsqueda de cosas materiales. La visión de una mejor vida puede volcarse a dimensiones no materiales de satisfacción: calidad de vida, calidad de la solidaridad entre los hombres y calidad de la Tierra. Solo así podremos soñar con un tiempo en que volvamos a valorar los fines por sobre los medios, y a preferir lo bueno sobre lo útil”.
La sostenibilidad es el imperativo que impulsa la nueva agenda. El deseo de una calidad de vida enriquecida, de fuertes lazos entre las personas y de un contacto en resonancia con la naturaleza es la atracción que lo impulsa hacia el futuro. En el libro mencionado, los autores afirman sin embargo que una visión de este tipo no parece muy promisoria, dado el panorama global actual tan lleno de antagonismos, desigualdades y degradación de la naturaleza y del espíritu humano. Aunque también sostienen que los ardides de la Historia nos deparan ciertamente sorpresas y, aunque algunas pueden no ser bienvenidas, otras pueden presentar posibilidades favorables.

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