Diferencia entre revisiones de «Océanos y sobrepesca»

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Revisión actual del 18:38 14 jul 2011


Océanos 

Los océanos de la Tierra desempeñan un papel vital en limpiar la atmósfera, y las actividades del hombre los están arruinando. Los océanos absorben enormes cantidades de dióxido de carbono. A su vez, el fitoplancton absorbe el dióxido de carbono y desprende oxígeno. El Dr. George Small explica la importancia de este ciclo de vida: “El 70% del oxígeno que se añade a la atmósfera cada año proviene del plancton que hay en el mar”. No obstante, algunos científicos advierten que el fitoplancton pudiera disminuir grávemente debido a la reducción del ozono en la atmósfera, de lo cual se cree que el hombre es responsable.
El hombre también no debe arrojar basura, petróleo y hasta desechos tóxicos en el océano. Aunque algunos países acceden a limitar los desechos que permiten que se arrojen al mar, otros rehúsan hacerlo. Cierta nación occidental hasta se reserva el derecho de arrojar desechos nucleares en el mar. El famoso explorador oceánico Jacques Cousteau advirtió: “Tenemos que salvar los océanos si queremos salvar a la humanidad”.
Es significativa la concentración de peces en pequeñas zonas del océano y su escasez en otras partes. Tal como advirtió William Ricker, biólogo de pesca: El mar no es “un depósito ilimitado de energía alimentaria.” Y el explorador submarino Jacques-Yves Cousteau advirtió, al regresar de una exploración submarina mundial, que la vida en los océanos ha disminuido en un 40 por ciento desde 1950 debido al pescar en demasía y a la contaminación.
El científico marino suizo Dr. Jacques Piccard predijo que en vista de la proporción actual de la contaminación, los océanos del mundo quedarían desprovistos de vida en 25 años. Dijo que debido a su poca profundidad el mar Báltico sería el primero en morir. Después morirían el Adriático y el Mediterráneo, los cuales no tienen corrientes lo suficientemente fuertes para transportar la contaminación. También, el explorador submarino francés Jacques-Yves Cousteau dijo que la destrucción de los océanos ya se ha efectuado en un 20-30%. Predijo «el fin de todo en 30 a 50 años a menos que se tome acción inmediata». Muchos hombres no han contaminado la Tierra intencionadamente. Por ejemplo, los océanos virtualmente se han convertido en vertederos sencillamente porque por siglos la gente ha tenido el concepto equivocado de que estos tienen una capacidad inagotable para los desechos. Dice el capitán experto en océanos Jacques-Yves Cousteau: «Cada mes ahora vertemos tantos millones de toneladas de desperdicios venenosos en el océano vivo que quizás en veinte años, quizás antes, los océanos habrán recibido su herida mortal y comenzarán a morir».


Sobrepesca

La sobrepesca tiene además efectos devastadores sobre los ecosistemas, que van más allá del impacto directo que se ejerce en las especies capturadas, pues una variación notable y repentina del número de ejemplares de una especie puede ejercer una presión intolerable en su medio ecológico. Por ejemplo, si se eliminan la mayoría de las truchas de un río, las carpas se colocarán en una situación predominante que impedirá indefinidamente el restablecimiento de la población de truchas.
La sobrepesca no es un fenómeno nuevo, pero fue en el siglo XX cuando empezó a amenazar al planeta en su conjunto. Afecta tanto a los recursos pesqueros como al entorno (arrecifes, calidad de las aguas, eliminación del plancton).
El incremento de la presión pesquera por parte de los países ricos va desplazando a los pescadores locales de sus fuentes tradicionales de captura, lo que redunda tanto en el empobrecimiento de las zonas donde los pescadores locales ya no pescan, como a que la población autóctona pierda una fuente de alimento muchas veces fundamental para su subsistencia.
La creación de arrecifes artificiales y la gestión racional de las capturas puede permitir la conservación de las especies actuales, e incluso la recuperación de aquellas agotadas para la explotación comercial. En cambio la acuicultura debe someterse a profunda revisión, pues en muchas ocasiones resulta contraproducente. La actitud responsable de los consumidores al elegir los alimentos que compran puede ser también fundamental, pues es en definitiva la presión de los compradores la causa de que peces y mariscos sean puestos a su disposición en los mercados, y por tanto seleccionar especies adecuadas y ejemplares no inmaduros puede ser la clave para que no se produzca sobrepesca.


Situación mundial

La sobrepesca no es un fenómeno completamente nuevo, pero fue durante el siglo XX cuando alcanzó escala global. Las modalidades tradicionales de pesca, como las pesquerías artesanales de atún en el Mediterráneo, han desaparecido o lo harán casi con seguridad en los próximos años, por una doble causa: la imposibilidad de competir con los métodos industriales modernos de alta tecnología, mucho más rentables, y sobre todo la ausencia de ejemplares suficientes que permitan mantener un modo de vida que en ocasiones se habían sostenido durante siglos o milenios.
La FAO estima que el 77% de las especies con valor comercial están afectadas en mayor o menor grado de sobrepesca (8% ligeramente, 17% en sobreexplotación y 52% en sobreexplotación máxima).
Las capturas de pesca alcanzaron un máximo de 100 millones de toneladas en el año 2000, pero la producción disminuyó por primera vez desde 1.990, a pesar de que la capacidad pesquera no ha dejado de aumentar. Los individuos capturados son cada vez de menor calibre, y más jóvenes. La proporción de capturas en las zonas bajas de la cadena trófica ha aumentado.
Los buques factoría faenan cada vez en más zonas (África occidental, océano Índico, océano Pacífico....), pescando cada vez a mayor profundidad, capturando numerosas especies y colapsando los ecosistemas, sobre todo por culpa de redes abisales y de arrastre. Como consecuencia de la pugna entre flotas que compiten por los mismos recursos, y dado que suelen ganar estas batallas los que usan métodos más agresivos (y por tanto más dañinos para el ambiente), se empezó a imponerse la pesca de arrastre de fondo, método de pesca hoy muy extendido. Hace varias décadas se popularizó la pesca de atunes y pez espada con grandes redes de deriva, de hasta 20 km de longitud, hoy en día prohibidas por la ONU y por la Unión Europea. Pero estos problemas no han terminado; hay flotas europeas que pescan sardinas y boquerones con redes de arrastre pelágico, mientras que la flota española usa redes de cerco, un modo de captura más sostenible; se espera que la Unión Europea apruebe leyes en este sentido. La tecnificación de la pesca ha dado lugar a un aumento rápido de las capturas secundarias o colaterales. El 25% de lo pescado, es decir, 27 millones de toneladas, es arrojado de nuevo al agua, (por tratarse de especies distintas a las buscadas), si bien ya se trata de animales muertos. Delfines, tortugas y pájaros marinos (100.000 albatros al año), son así capturados y muertos en la artes de pesca. Además, las redes abandonadas causan también innumerables muertes animales.
Las especies que se buscan con mayor insistencia son los depredadores situados en la cima de las cadenas alimentarias, que poseen un gran valor comercial en los mercados de los países desarrollados, siendo a la vez las capturas con unos índices más altos de contaminación por bioconcentrados, especialmente el metilmercurio. Esta especificidad selectiva de la pesca tiene graves consecuencias en las cadenas tróficas, alcanzando a los mamíferos y a los pájaros, como se pone de manifiesto en los siguientes ejemplos:
En febrero de 2008, con ocasión de la reunión del Foro Mundial de Ministros del Ambiente (GMEF), se concluyó, tomando como base un informe titulado “In Dead Water”, que el recalentamiento climático magnificaba el efecto de la contaminación, de las especies invasivas, y de la sobrepesca en las principales zonas pesqueras del planeta, lo que puede dar lugar a un triple problema: ecológico, económico, y de desarrollo).
Según la ONU, entre un 10% y un 15% de los océanos están afectados directamente por la sobrepesca, pero con impactos que afectan o afectarán “al menos a tres cuartas partes de las principales zonas pesqueras mundiales”. Se observa ya una degradación de los océanos, alerta la ONU, que ya en 2004 había señalado más de 100 “zonas marinas muertas” en bahías, estuarios o mares interiores.
Siempre según la ONU, millones de personas dependen de la pesca, sobre todo en países pobres, y casi 2,6 millardos consumen primordialmente proteínas provenientes de productos del mar (el balance ecológico de la piscicultura industrial aún está en discusión). Además, del 80% al 100% de los arrecifes coralinos del mundo están amenazados por el blanqueamiento, degradación o desaparición causados por la elevación del nivel de los océanos que podría causar el calentamiento global. Se teme, finalmente, una aceleración de la acidulación de los océanos, inducida por el CO2, que podría agravar estos problemas, afectando entonces a los microorganismos del plancton, en la base misma de la cadena alimentaria.


Fuente:

Wikipedia.org 1

Wikipedia.org 2