Vida desechable

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En los años 50 del siglo XX se popularizó el término “Estilo de vida desechable” (Trowaway Living), que apuntaba a hacer la vida más sencilla al utilizar todo tipo de cosas tan baratas, que no había porque cuidarlas, ni limpiarlas, simplemente las desechábamos a la basura.

Esto provenía de otra imposición cultural que apareció en los años 20 y 30 del mismo siglo, que fue la de la obsolescencia programada. Es decir que los fabricantes de todo tipo, para poder paliar la fuerte depresión económica que existía en aquel entonces, decidieron que las cosas se hacían demasiado buenas, y duraban mucho, así que había que crearlas para que durasen poco, no sólo desde lo material, sino que desde la publicidad había que incitar a la gente a querer cambiar las cosas, ya sea sacando unas nuevas cada año con pequeñas mejoras o modificaciones. Así nació la sociedad del descartable que existe hoy, en el momento en que el plástico ha logrado ubicarse en cada recoveco de nuestras vidas. Hace 60 años se reemplazaron cubiertos, vasos y platos, ahora hay sillas, mesas, muebles, teléfonos, computadoras, todo preparado para ser desechado.

Una de gran influencia dentro del cambio de mentalidad es Annie Leonard, que apunta a abandonar este tipo de vida que ha acumulado kilómetros y kilómetros cuadrados de montañas de desechos de plástico, que tardan siglos en degradarse. Leonard, se hizo conocida con un cortometraje de 20 minutos llamado Story of Stuff o La historia de las cosas, en castellano. En él contaba de dónde venía la manía de nuestra sociedad de generar tantos millones de toneladas de basura.

En 1955, en el número del 1º de agosto de la revista LIFE, salió publicado un artículo titulado “Throwaway Living“, o estilo de vida desechable. Trataba sobre cómo los artículos del hogar desechables habían cortado a la mitad las labores del hogar, y mostraban a una familia realmente extasiada por poder tirar todo luego de darles un único uso. La nota empezaba diciendo que los objetos que estaban volando en el aire habrían insumido 40 horas de trabajo al ama de casa que los tuviese que lavar, sólo que ya no existía la razón por la cual preocuparse en hacerlo. “Han sido creados para ser desechados luego de un uso”. Aclaraba que si bien los platos de cartón y las servilletas de papel hacía rato que existían, ahora se hacían más atractivas, y no debían preocuparse por tirarlos luego de un uso. A las cosas nuevas a las que se refería era a los vasos y cubiertos de plástico. Y seguía describiendo los contenedores de comida congelada, y pañales descartables, a los que el autor agradecía el aumento de nacimientos en Estados Unidos, y la lista era interminable. Y estamos hablando de 1955, hoy en día le agregamos computadoras que al año son obsoletas, teléfonos celulares que el marketing nos obliga a despreciar a los pocos meses de haberlos comprado, televisores, etc.

El problema es que han pasado más de 50 años de estilo de vida desechable, y las montañas de basura que se han creado, allí siguen, no se han ido a ningún lado. Miles de kilómetros cuadrados de basurales de todo el mundo, con montañas de estos productos desechables que no son biodegradables. En el Océano Pacífico, hay una gran mancha que se llama el Gran parche del Pacífico, que tiene 700 mil kilómetros cuadrados de extensión. Es más grande que toda España, por ejemplo. Toda esa extensión está cubierta por desechos de plástico, pero desechos ya degradados por el agua y el sol hasta lo máximo que pueden degradarlo, que en la mayoría de los casos es un tamaño microscópico. Pero claro, no porque no lo veamos se han ido, matan a los peces que respiran ese agua, y a las aves que se alimentan de esos peces. Los humanos, por ahora, saben que deben evitar pescar en esas zonas.

Debemos abandonar este tipo de vida evitando lo desechable, e intentando reciclar la mayor cantidad de los artículos del hogar que debamos desechar. Un buen sustentador debe buscar acercarse lo máximo posible a Basura Cero. Esto se logra reutilizando algo la mayor cantidad de veces que se pueda, reciclando lo que ya no se pueda volver a usar, y evitando el consumo por el consumo. Hay cosas que pueden durar mucho más de lo que parecen, o de lo que nos hacen creer en las publicidades. No sigamos adentrándonos cada vez más en el estilo de vida desechable, porque terminaremos desechando al planeta entero.